lunes, 26 de julio de 2010

San Ignacio: razón y corazón

Desde Japón, el P. Juan Masiá sigue trabajando en la pastoral de la iglesia de Kobe y en Justicia y Paz, en Tokyo, en colaboración fructífera con los obispos japoneses.

La diversidad de modos y sentires en el seno de nuestra Iglesia a veces nos habla de universalidad desbordante y otras, sin embargo, nos desconcierta, especialmente cuando surgen aparentes disonancias en su seno. No es fácil aprender a vivir en la pluralidad. 

Desde  la CG-35, se invita a los jesuitas (y a los laicos que trabajan con ellos) a que permanezcan "en la frontera", como ha sido su costumbre. Pero no con la actitud combativa propia de los frentes de una batalla, sino dando un testimonio evangélico de diálogo y conciliación entre los hombres, marcando caminos para el entendimiento.

Qué lejos de esta idea de frontera queda la conversión del infiel, la imposición del propio criterio velis nolis, la condena a priori del que piensa distinto, el dogmatismo simplista...

Y, ahora, lo importante: cuando se acerca la festividad de san Ignacio de Loyola, Juan Masiá reflexiona en Kobe sobre el papel del cerebro y del corazón en el discernimiento ignaciano. Aquí está su reflexión:




   LUCIDEZ CORDIAL IGNACIANA

   Juan Masiá Clavel, SJ
  
   Kobe, Japón

   De cara a la celebración anual del día de san Ignacio, media docena de jesuitas pasan un día de retiro meditando juntos la palabra evangélica sobre los signos de los tiempos: ¿Cómo es que no sabéis interpretar el momento presente?”(Mt 16, 3; Lc 12,56).

   Abrimos la reflexión comunitaria con las palabras del P. Adolfo Nicolás: “Necesitamos capacidad de comprometernos en medio de la inseguridad, dedicarnos al servicio por el camino de Cristo. Tal ha sido y seguirá siendo la inspiración real de la vida apostólica y del discernimiento que conlleva. Esta opción le llevó a la cruz, no como un mártir popular, sino visto como un maldito hereje que soñaba extrañamente la venida del  Reino”. Con estas palabras clausuraba en 1982 un ciclo de conferencias a sacerdotes yt religiosos el entonces Director del Instituto de Pastoral Asiática, hoy nuestro Superior General.  (Cf. texto íntegro en la revista del East Asian Pastoral Institute, EAPI, XX, 1983, 79-95).

   La relectura de esta reflexión teológica sobre el discernimiento de las ideologías y el redescubrimiento de las utopías nos da qué pensar sobre la situación presente en el seno de la iglesia y de la vida religiosa, tentadas por fanatismos, y sectarismos por un lado y, por otra parte, amenazadas de pesimismos y desencantos. Sobran ideologías y faltan utopías. Urge discernir críticamente las ideologías y resucitar las utopías. Necesitamos ser, a la vez , más críticos y más soñadores..Una vez más la sabiduría práctica de Ignacio de Loyola nos invita a conjugar el bisturí crítico con el empuje místico, el análisis con la inteligencia emocional.

   Es bien conocida la presentación exagerada del método ignaciano de elegir, como si fuera una mera puesta en práctica del ejercicio racionalizador del pensamiento pragmático y utilitario.

   Con buena intención apologética y por reacción contra esta imagen de un Ignacio racional, voluntarista y pragmático, se ha intentado rehabilitar el papel del sentimiento y la afectividad de Ignacio, latente bajo la heredada frialdad jesuítica.

   Pero ambas imágenes traicionan o ignoran, consciente o inconscientemente, la actitud básica y el método típico de Ignacio de Loyola en su arte de elegir, que consiste precisamente en el contraste estructural y dinámico del pensar lúcido y la vivencia cordial. Si el corazón no confirma la deliberación lúcida, ésta corre el riesgo de convertirse en cálculo interesado y en ideología de autojustificación. Si el examen no controla las opciones cordiales, éstas corren el riesgo de llevar al fanatismo religioso, bajo pretexto de utopía. Lucidez, sí, pero confirmada por el corazón. Cordialidad, sí, pero moderada por el pensamiento.

   Dos palabras claves en el vocabulario de los Ejercicios espirituales: “examinar” y ”confirmar”. A quien hizo una opción movido por buen espíritu (“consolación sin causa precedente) se le recomienda que examine los extravíos de su propio espíritu (“han menestwer ser mucho bien examinados”. Ej.n.336).

   En cambio, a quien llegó a una opción tras sopesar prudentemente pros y contras, se le recomienda que espere receptivamente la confirmación de su elección llevándola “con mucha diligencia a la oración delante de Dios” (Ej.183).

   Así era Ignacio: místico, sin fanatismo; discernidor, sin racionalismo. Hoy, ante la doble amenaza del sectarismo pseudo-místico y del cinismo pseudo-racional, el método de los Ejercicios espirituales nos ayuda a captar lo signos de los tiempos. Esta es la conclusión del retiro, para compartirla con quienes caminan por la ruta espiritual de san Ignacio.