jueves, 10 de febrero de 2011



Desde Japón nos llega este texto de Juan Masiá, sobre el 20ª aniversario de la muerte de Pedro Arrupe:

“Al inicio fue el proyecto”
-Arrupe. 20 aniversario-

Juan Masiá SJ, Tokyo

Al comienzo de todo, en el arjé, fue el Proyecto, el Plan, la Promesa: reunir en Jesús, Rostro de Dios, a la humanidad hermanada en el Proyecto del Reino.
Elegimos este evangelio (Jn 1,1) para la eucaristía del 5 de febrero, vigésimo aniversario de la entrada de Pedro Arrupe en la “vida verdadera”,    (Ej. n. 139) dando gracias por el testimonio de su vida, vivida toda entera de cara al Proyecto del Reino. Los novicios que hicieron el mes de Ejercicios en Hiroshima, en 1942, recuerdan las raíces de su estilo de formación en la meditación ignaciana del Reino: “Con Jesús, para su Proyecto y por su Camino, que nos meterá en el lío de construir la paz y padecer por la justicia”.
A Arrupe le llamaron soñador,-para alabarle o para descartarle-; efectivamente, lo fue en el mejor de los sentidos. Como Jesús, soñando caminos del Reino: del Jordán a Galilea (para ponerse de lado del pueblo junto al lago)y de Cesarea a Jerusalén (para denunciar la traición del Templo a la fe, por su contubernio con el poder), consciente de que, al final, se lo cargará la misma cúpula jerárquica religiosa.
Para la primera lectura escucharemos simplemente, entre pausa y pausa de silencio, las tres palabras que Arrupe eligió recién nombrado Superior General de los jesuitas, el 22 deMayo de 1965: “Sin Mí nada podéis” (Jn 15, 59, “Para todo me siento con fuerzas, gracias al que me robustece” (Phil  4, 13), “Yo le mostraré cuanto tiene que padecer por ese nombre mío” (Act 9,16). Eran los textos que sustentaban, con la teología del Corazón de Cristo, la espiritualidad de la confianza de Pedro Arrupe.
Como breve meditación homilética, compartiremos hoy en comunidad cómo vivimos la presente crisis eclesial y cómo nos anima Pedro Arrupe a superarla con optimismo evangélico esperanzado, más allá de desilusiones y desencantos.
Desilusión, por parte de quienes se empeñan en renegar de la reforma de Juan XXIII y el Vaticano II, para añorar retornos a un pasado de iglesia prepotente. Desencanto, por parte de quienes vivieron el empeño por esa reforma y hoy padecen su crucifixión por obra y gracia de la restauración curialista.
La vida y espiritualidad de Arrupe son un buen antídoto contra las patologías de desilusión y desencanto, de vivir pendientes de restaurar un pasado o de reaccionar en contra de la restauración.
El pensamiento y liderazgo de Arrupe fue, ante todo, “pro-yecto, pro-spección, pro-yección, pro-puestas” de creatividad. Siempre “pro-tenso” (que diría Husserl), y “pro-penso a avanzar hacia el  futuro como la Nike alada de Samotracia...
No “contra”, ni “anti”, ni “des-” , ni “re-”. Ni reacción, ni restauración, ni desilusión, ni desencanto, ni escudo anti-misiles, ni contra-ataque. Un pensamiento y liderago “pro-vocadores”, suscitadores de creatividad y futuridad. Una espiritualidad de la Promesa, que infunde esperanza.
Para confirmar todo esto, citando las palabras del mismo Arrupe, tardaríamos más de una hora. Pero recomienda nuestro hermano Benedicto que no pasemos de diez minutos en las homilías.
Lectoras y lectores interesados podrán encontrar esos textos arrupianos próximamente en el artículo “Arrupe: novedad de novedades”, que colgaré en la web.
Gracias por uniros y sumaros, con la lectura de este post a la acción de gracias de los jesuitas por el don de la vida de Pedro Arrupe.

1 comentarios:

currojordano dijo...

Leer a Arrupe me carga las pilas, me recuerda que con Dios nada es imposible y me lanza a este mundo con ilusión y creaticidad para luchar POR UN MUNDO MÁS JUSTO!!!


POR FIN ALGUIÉN HA ENCONTRADO COMO SALIR DE LA CRISIS...

http://www.youtube.com/watch?gl=ES&v=QWJrhaUp9bc