domingo, 25 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!


LA LÁGRIMA DEL CARPINTERO      

Cuando la oscura noche se encendía
con el fulgor de plata de la luna
José encontró un pesebre como cuna
y abrigo en un rincón para María.

"Me iré por leña, se dijo, que la fría
soledad de esta cueva tan ayuna
se vuelva más caliente con alguna
rama de olivo mientras apunta el día".

Y al regresar de pronto vio una lumbre
que incendiaba  por dentro aquella cueva.
Por su rostro rodó la buena nueva

en forma de una lágrima encendida,
atónito al mirar  la dulcedumbre
que es ver nacer la causa de la vida.
  
    Pedro Miguel Lamet

domingo, 18 de diciembre de 2011




ADVIENTO: CAMINO DE ESPERA Y ESPERANZA
JOSÉ GALLARDO ALBERNI, josegallardoalberni@gmail.com
EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ).

ECLESALIA, 25/11/11.- Se aproxima el adviento. Se le puede poner muchos adjetivos. Primero es “camino”, es decir, movimiento, dinamismo, no estancamiento, no rutina, no inercia. Son palabras que todos los años nos proponemos, pero nos cuesta cumplir. Ese camino que hacemos andando tenemos que hacerlo juntos: acompañados por el hermano, pero con la meta en él, es decir, en Dios.
Flaco favor le hacemos a los demás y a nosotros mismos si nuestro adviento se reduce a la celebración litúrgica. Se quedaría en algo externo, superficial, en el sacrificio, evocando las palabras del profeta Oseas: misericordia quiero, no sacrificio (Os 6, 6)
Si recordamos las palabras de Jesús en el último domingo del tiempo ordinario (cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis), el amor al prójimo es exactamente igual al amor de Dios. Por tanto, lo que no hagamos por los necesitados, por los que sufren, por los perseguidos, por los oprimidos, no lo hacemos por Dios. Esas palabras tan radicales nos urgen a que el camino del adviento lo recorramos, lo vivamos de forma activa. Con el hermano en el centro (luego con Dios en el centro). Esas palabras de Mateo son nuestro mapa para el camino; nuestro bastón será el amor de Dios, que damos a los demás.
¿Qué esperamos en este adviento? ¿Qué debemos esperar? Esperamos al Dios hecho hombre, al Dios como nosotros, al Dios sufriente, al Dios cercano, al Dios que es amor.
Para ese acontecimiento tan trascendental en nuestra vida no solo debemos prepararnos en este adviento sino que toda nuestra vida debe ser un viaje de preparación. Pero con la suficiente madurez como para no poner como excusa ese viaje. Para no escudarnos en una eterna preparación. Un viaje es un medio, no un fin. El fin es la llegada, la meta, donde nos esperan paisajes maravillosos, experiencias maravillosas, personas maravillosas. ¿Cómo nos preparamos? No solo litúrgicamente sino estando al lado del que sufre. Estando al lado del necesitado estaremos al lado de Dios, preparados para lo que nos pida, para lo que necesite de nosotros.
Igual que el camino del adviento es un camino activo, la espera también tiene que serlo. Es decir, una espera con esperanza. Si nuestro mapa es el evangelio y nuestro bastón el amor de Dios, nuestra ropa para ese camino es la esperanza. Una ropa maravillosa que Mateo compara con los lirios del campo. ¿A qué si no se refiere el evangelista? ¿Qué es ese mandato de no preocuparse de nada sino tener esperanza?
Esperanza no solo en un paraíso futuro en el que no haya lágrimas ni llantos. La esperanza evangélica es en el prójimo, en el hombre. Esperanza en que este mundo (formado por hombres) es posible que sea mejor. Esperanza en que nuestra participación en este mundo va a ser fructífera, duradera y merecedora de nuestro esfuerzo.
La esperanza teórica no sirve para nada. La esperanza tiene que adaptarse a nuestro cuerpo, ser cómoda, tenemos que estar cómodos con ella, tiene que ser duradera, de calidad.
Con estas vestiduras, dignas del mismísimo Apocalipsis, con estos ingredientes, estaremos preparados para el viaje de nuestra vida. Una vida a ser vivida en común, compartiendo bienes, amores, generosidades, alegrías, sufrimientos,… Una vida compartida y vivida con el otro, con el otro como centro, con Dios en el centro. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Francisco de Asís




Señor, la dulce y abrasadora fuerza de tu amor
absorba mi corazón y mi alma,
para que yo muera por amor a ti,
que por amor a mí te dignaste morir tú.

San Francisco de Asís

sábado, 3 de diciembre de 2011

Francisco de Borja



Ojalá el Señor deje entender, con acción de gracias,
qué gran cosa que llame a uno para servirse de él,
sin tener necesidad alguna de él,
poniéndolo en los negocios en que puso a su sacratísimo Hijo.
Tengo por cierto que si esto se viera en lo que vale,
los reyes dejarían sus oficios para ser siervos de Dios.

San Francisco de Borja

En 2010 se celebró el V Centenario del nacimiento de san Francisco de Borja. En su blog de 21RS "El alegre cansancio", Pedro Miguel Lamet reflexiona sobre su figura. Éste es el enlace: http://blogs.21rs.es/lamet/2010/05/borja-solo-busco-a-jesus/

viernes, 2 de diciembre de 2011

Torres Queiruga

La conferencia del teólogo Torres Queiruga programada por el Instituto de Teología y Pastoral de Bilbao, fue inicialmente prohibida por el obispo de la diócesis Monseñor Iceta.

Afortunadamente, se ha impuesto el diálogo y el buen criterio y dicha conferencia se volvió a autorizar en el día de ayer. 

Se desconocen los pormenores de esta rectificación episcopal, pero siempre es una buena noticia que la Iglesia abandone los viejos modos inquisitoriales y la voz de los nuevos profetas pueda escucharse libremente, invitándonos a todos a reflexionar y a ejercitar la conciencia libre.


La Modernidad afirma la autonomía del mundo. Pero amigos y enemigos siguen operando con el prejuicio mitológico de un intervencionismo divino: si Dios quisiera, no habría mal y el mundo sería perfecto. El dilema de Epicuro, asimilable en una cultura de fe ambiental, se convierte en dificultad insuperable en la nueva «era crítica», y Kant —preso él mismo del prejuicio— proclama el fracaso de la teodicea. Fracaso para los creyentes, pues resulta increíble un dios que pudiendo no quiere o que queriendo no puede. Fracaso para el ateísmo moderno que se apoya en el mal, pues atribuyéndolo a Dios niega la autonomía del mundo.


Pero el fracaso kantiano afecta sólo a la teodicea pre-crítica en un mundo secular. El propósito del presente libro es «repensar el mal» tomando con toda consecuencia la secularidad. Partiendo del mundo, como si Dios no existiese, obliga a empezar desde abajo, respetando la autonomía de su funcionamiento. Entonces el problema —por primera vez en su historia— se estructura en tres pasos distintos. Laponerología muestra que la finitud, constitutivamente carencial y contradictoria, hace inevitable la aparición del mal. La pisteodicea, desde este resultado, señala que toda visión del mal es una respuesta, una «fe» que debe justificarse: sea náusea sartriana o esperanza religiosa. La teodicea es entonces la «pisteodicea» cristiana, que ahora puede romper el dilema, lograr la coherencia y presentar a Dios como el Anti-mal.



Nace así una visión que distingue entre una «vía corta» (el fondo verdadero de la visión antigua, apoyada en la confianza) y una «vía larga» (con los tres pasos) de la teodicea; insiste en la «lógica del a-pesar-de» frente a cualquier finalismo del mal; responde a la dificultad del «demasiado mal» o posibilidad de salvación escatológica, y, finalmente, actualiza la comprensión de temas tan vivos como el pecado original, la providencia, el milagro, la oración de petición, el holocausto y el infierno.

(De la web de Editorial TROTTA)